Reservar
Mesa de madera antigua puesta junto a una ventana, con vajilla azul, pan, fruta y una cafetera de metal

Familia

Vuelves a casa de tus padres y vuelves a tener quince años

Por Lola Ortiz · Psicóloga sanitaria ·

Llegas con la maleta. Saludas, dejas las cosas en tu cuarto de siempre, y en menos de media hora alguien ha dicho "¿otra vez con el móvil?" y tú has contestado con un tono que no usas desde hace veinte años. Y luego, ya en la cama, la pregunta de todos los veranos: si yo fuera de casa funciono, ¿por qué aquí me convierto en esto?

No has retrocedido. Has vuelto al sitio donde se aprendió

Lo primero, porque suele ser lo que más alivia: no te has vuelto más inmadura de repente.

Lo que hacemos está mucho más pegado al lugar de lo que nos gusta pensar. Un comportamiento que se aprendió en un sitio concreto vuelve a aparecer cuando volvemos a ese sitio, aunque lleve años sin asomar y aunque hayamos aprendido otra forma de responder mientras tanto (Bouton, 2004).

Y la casa de tu familia no es un sitio cualquiera: es el sitio donde ese repertorio se montó entero. La misma cocina, la misma silla, el mismo tono de voz llamándote desde el pasillo. Tu cabeza no está fallando. Está reconociendo el contexto y sacando lo que aprendió ahí.

No vuelves a tener quince años. Vuelves al único sitio del mundo donde todo el mundo espera que los tengas.

En cada casa hay papeles repartidos

Las familias funcionan como un equipo: sin decidirlo, cada persona acaba ocupando un puesto, y el conjunto se organiza alrededor de esos puestos. Cuando alguien se sale del suyo, el sistema entero tira para devolverlo a su sitio — no por maldad, sino porque así es como esa casa sabe funcionar (Minuchin, 1974; Bowen, 1978).

Algunos de los más repetidos:

Por qué agosto lo aprieta

Durante el año las visitas duran una comida. En agosto son cinco días seguidos, o quince. Y cambian tres cosas:

Lo que ayuda de verdad

Nada de esto va de tener la conversación definitiva en la sobremesa del 15 de agosto. Va de otra cosa:

Cuándo esto ya no es cosa del verano

Que una visita familiar canse es normal. Hay otras cosas que no lo son:

Lo que se trabaja en terapia

Casi nunca se trabaja para cambiarles a ellos. Se trabaja para que tú puedas estar cerca sin desaparecer y sin salir corriendo — poder ser tú misma delante de tu madre es un objetivo de terapia perfectamente respetable, y bastante más realista que esperar a que tu madre cambie.

En la práctica son tres cosas: ver qué papel te tocó y qué precio tiene, aprender a poner límites que no exploten ni desaparezcan, y separar lo que te dicen de lo que tú vales — que es por donde esto se enreda con la autoestima y con la dependencia emocional.

Que en esa casa te vean como la de quince años no significa que lo seas. Significa que allí nadie ha actualizado el archivo. 🤍

Reservar primera sesión

Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.

Bibliografía

  1. Bouton, M. E. (2004). Context and behavioral processes in extinction. Learning & Memory, 11(5), 485–494.
  2. Minuchin, S. (1974). Families and Family Therapy. Harvard University Press.
  3. Bowen, M. (1978). Family Therapy in Clinical Practice. Jason Aronson.
  4. Jurkovic, G. J. (1997). Lost Childhoods: The Plight of the Parentified Child. Brunner/Mazel.
  5. Skowron, E. A. y Friedlander, M. L. (1998). The Differentiation of Self Inventory: Development and initial validation. Journal of Counseling Psychology, 45(3), 235–246.