Llega el mensaje al grupo: "¿nos vemos mañana en la playa?". Y antes de contestar ya has hecho tres cosas: pensar en el bañador, calcular quién va a estar, y decidir que mejor la toalla puesta hasta el último momento. No te ha pasado por la cabeza si te apetece ir. Eso ha quedado para después.
No es tu cuerpo. Es la cantidad de veces que lo miras
Hay una idea en psicología que explica bastante bien lo que pasa en agosto: aprendemos a mirarnos desde fuera. Como si hubiera siempre alguien evaluando, y ese alguien acabaras siendo tú.
Se llama autoobjetivación, y tiene una consecuencia práctica muy concreta: dedicas una parte de tu atención a vigilarte. A comprobar cómo se te ve sentada, si la camiseta marca, cómo queda esa foto. Y esa atención sale de algún sitio — se la quitas a la conversación, a la comida, al agua fría, a lo que estabas haciendo (Fredrickson y Roberts, 1997).
Por eso el problema casi nunca es el cuerpo que tienes. Es cuánto rato al día estás pendiente de él.
Por qué agosto lo aprieta todo
No es tu imaginación. En verano se juntan cuatro cosas a la vez:
- · Más piel. El cuerpo deja de estar debajo de la ropa de invierno, que era también un escondite bastante cómodo.
- · Más fotos. Y no elegidas por ti: las hace otra persona, con la luz que hay y desde donde le pilla.
- · Más comparación. Tu móvil en agosto es un desfile de gente en la playa. Y nadie sube la que salió mal.
- · Menos rutina. Se cae el horario, cambian las comidas, se duerme distinto. Y cuando la estructura se afloja, lo que estaba controlado a base de rutina asoma.
El verano no crea el malestar con el cuerpo. Le quita la ropa de encima, que no es lo mismo.
Mirarse mucho no tranquiliza
Hay un gesto que casi todo el mundo hace y que parece inofensivo: comprobar. Mirarse de perfil, pellizcar, pesarse otra vez, buscar el mismo espejo de siempre, preguntar si se nota.
Tiene toda la lógica del mundo: estás nerviosa, compruebas, buscas alivio. El problema es que el alivio dura minutos y la costumbre crece. Cada comprobación le enseña a tu cabeza que ahí había algo de lo que preocuparse, y al rato pide otra. Es el mismo mecanismo que mantiene la ansiedad en marcha (Shafran et al., 2004).
Lo mismo pasa con lo contrario: evitar. No mirarse nunca, no hacerse fotos, no ir. Alivia hoy y encoge tu vida mañana.
Lo que ayuda de verdad
Nada de esto va de "quererte mucho". Va de recuperar minutos:
- · Cámbiale el trabajo a tu cuerpo. Pregúntate qué te permite hacer hoy, no qué aspecto tiene. Nadar, dormir la siesta, cargar con la nevera hasta la orilla. Suena tonto y funciona: mueve la atención de la vitrina a la vida.
- · Limpia el móvil, no el cuerpo. Deja de seguir tres cuentas que te dejan peor. No es censura, es higiene. Y mira si te sientes distinta en una semana.
- · Ropa que puedas olvidar. El bañador que te deja moverte sin recolocarte cada diez minutos vale más que el que "hace mejor tipo". Si te obliga a estar pendiente, está trabajando en tu contra.
- · Ve igual. Aunque vayas con toalla, aunque no te apetezca del todo. Cada vez que no vas, la próxima cuesta un poco más.
- · Cuida el suelo. Comer con cierto orden y dormir parecido cada día no es un consejo de revista: en verano es lo primero que se cae y lo que más sostiene.
Cuándo esto ya no es "cosa del verano"
Que a una le incomode una foto es normal. Hay otras cosas que no lo son, y conviene mirarlas de frente:
- · Dejas de ir a sitios que te apetecen por cómo crees que te van a ver.
- · Piensas en tu cuerpo o en la comida buena parte del día, todos los días.
- · Te saltas comidas, compensas después de comer, o te pesas varias veces al día.
- · Tu estado de ánimo depende de lo que marque la báscula o de cómo te veas ese día en el espejo.
- · Alguien de tu alrededor ya te lo ha dicho, y tú lo has quitado de en medio.
- · Si te has reconocido en dos o más, eso ya no es el verano. Es algo que merece atención, y cuanto antes se mira, más fácil es. No hace falta que sea grave para pedir ayuda.
Lo que se trabaja en terapia
Dos capas, como casi siempre. La de fuera: reducir las comprobaciones, dejar de evitar, recuperar sitios y planes. La de dentro: de dónde salió la idea de que tu valor se mide en cómo te ven, quién te la enseñó y para qué te ha servido hasta ahora.
Muchas veces esto viene enredado con la autoestima y con el perfeccionismo — la misma exigencia que aplicas a tu trabajo, aplicada al espejo.
Tu cuerpo no es un proyecto pendiente. Es el sitio desde el que vives. 🤍
Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.
Bibliografía
- Fredrickson, B. L. y Roberts, T.-A. (1997). Objectification theory: Toward understanding women's lived experiences and mental health risks. Psychology of Women Quarterly, 21(2), 173–206.
- Grabe, S., Ward, L. M. y Hyde, J. S. (2008). The role of the media in body image concerns among women: A meta-analysis of experimental and correlational studies. Psychological Bulletin, 134(3), 460–476.
- Shafran, R., Fairburn, C. G., Robinson, P. y Lask, B. (2004). Body checking and its avoidance in eating disorders. International Journal of Eating Disorders, 35(1), 93–101.
- Tiggemann, M. y Slater, A. (2013). NetGirls: The Internet, Facebook, and body image concern in adolescent girls. International Journal of Eating Disorders, 46(6), 630–633.
- Cash, T. F. (2008). The Body Image Workbook (2ª ed.). New Harbinger.
