Reservar
Mujer de espaldas, de pie en la orilla, mirando el mar a contraluz al atardecer

Imagen corporal

Por qué en verano te llevas peor con tu cuerpo

Por Lola Ortiz · Psicóloga sanitaria ·

Llega el mensaje al grupo: "¿nos vemos mañana en la playa?". Y antes de contestar ya has hecho tres cosas: pensar en el bañador, calcular quién va a estar, y decidir que mejor la toalla puesta hasta el último momento. No te ha pasado por la cabeza si te apetece ir. Eso ha quedado para después.

77 estudios
revisó un metaanálisis sobre exposición a cuerpos ideales en los medios. La conclusión fue consistente: cuanta más exposición, menos satisfacción con el propio cuerpo (Grabe, Ward y Hyde, 2008).

No es tu cuerpo. Es la cantidad de veces que lo miras

Hay una idea en psicología que explica bastante bien lo que pasa en agosto: aprendemos a mirarnos desde fuera. Como si hubiera siempre alguien evaluando, y ese alguien acabaras siendo tú.

Se llama autoobjetivación, y tiene una consecuencia práctica muy concreta: dedicas una parte de tu atención a vigilarte. A comprobar cómo se te ve sentada, si la camiseta marca, cómo queda esa foto. Y esa atención sale de algún sitio — se la quitas a la conversación, a la comida, al agua fría, a lo que estabas haciendo (Fredrickson y Roberts, 1997).

Por eso el problema casi nunca es el cuerpo que tienes. Es cuánto rato al día estás pendiente de él.

Por qué agosto lo aprieta todo

No es tu imaginación. En verano se juntan cuatro cosas a la vez:

El verano no crea el malestar con el cuerpo. Le quita la ropa de encima, que no es lo mismo.

Mirarse mucho no tranquiliza

Hay un gesto que casi todo el mundo hace y que parece inofensivo: comprobar. Mirarse de perfil, pellizcar, pesarse otra vez, buscar el mismo espejo de siempre, preguntar si se nota.

Tiene toda la lógica del mundo: estás nerviosa, compruebas, buscas alivio. El problema es que el alivio dura minutos y la costumbre crece. Cada comprobación le enseña a tu cabeza que ahí había algo de lo que preocuparse, y al rato pide otra. Es el mismo mecanismo que mantiene la ansiedad en marcha (Shafran et al., 2004).

Lo mismo pasa con lo contrario: evitar. No mirarse nunca, no hacerse fotos, no ir. Alivia hoy y encoge tu vida mañana.

Lo que ayuda de verdad

Nada de esto va de "quererte mucho". Va de recuperar minutos:

Cuándo esto ya no es "cosa del verano"

Que a una le incomode una foto es normal. Hay otras cosas que no lo son, y conviene mirarlas de frente:

Lo que se trabaja en terapia

Dos capas, como casi siempre. La de fuera: reducir las comprobaciones, dejar de evitar, recuperar sitios y planes. La de dentro: de dónde salió la idea de que tu valor se mide en cómo te ven, quién te la enseñó y para qué te ha servido hasta ahora.

Muchas veces esto viene enredado con la autoestima y con el perfeccionismo — la misma exigencia que aplicas a tu trabajo, aplicada al espejo.

Tu cuerpo no es un proyecto pendiente. Es el sitio desde el que vives. 🤍

Reservar primera sesión

Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.

Bibliografía

  1. Fredrickson, B. L. y Roberts, T.-A. (1997). Objectification theory: Toward understanding women's lived experiences and mental health risks. Psychology of Women Quarterly, 21(2), 173–206.
  2. Grabe, S., Ward, L. M. y Hyde, J. S. (2008). The role of the media in body image concerns among women: A meta-analysis of experimental and correlational studies. Psychological Bulletin, 134(3), 460–476.
  3. Shafran, R., Fairburn, C. G., Robinson, P. y Lask, B. (2004). Body checking and its avoidance in eating disorders. International Journal of Eating Disorders, 35(1), 93–101.
  4. Tiggemann, M. y Slater, A. (2013). NetGirls: The Internet, Facebook, and body image concern in adolescent girls. International Journal of Eating Disorders, 46(6), 630–633.
  5. Cash, T. F. (2008). The Body Image Workbook (2ª ed.). New Harbinger.