Desde fuera eres la que llega a todo. Cumples, respondes, no fallas. Nadie sospecha nada porque nunca das motivo. Y por dentro llevas meses funcionando con el depósito en reserva, revisando tres veces cosas que ya estaban bien y sintiendo que cualquier día se va a notar que no das la talla. Eso no es ser responsable. Eso ya te está costando la salud.
Perfeccionismo no es querer hacer las cosas bien
Querer hacerlo bien está bien. Disfrutas del trabajo, te esfuerzas, te alegras cuando sale, y si no sale, aprendes.
El perfeccionismo es otra cosa: es el miedo a equivocarte gobernando tus decisiones. No te mueve el gusto por hacerlo bien, te mueve el terror a que se note un fallo. Y hay una diferencia que lo delata: cuando sale bien, no lo disfrutas. Piensas "ya está" y pasas a lo siguiente. La meta se mueve sola.
Frost lo describió hace treinta años y lo que mejor lo mide no son las metas altas: es la preocupación por los errores y la duda constante sobre si lo has hecho bien (Frost et al., 1990).
No es uno, son tres
Y conviene saber cuál es el tuyo, porque no se trabajan igual (Hewitt y Flett, 1991):
- · El que te exiges tú. Tus estándares, tu vara de medir, tu voz interna. La que nunca dice "suficiente".
- · El que exiges a los demás. Cuesta delegar, todo lo acabas haciendo tú, y por dentro hay bastante enfado con quien no llega a tu nivel.
- · El que crees que te exigen. La sensación de que si bajas el listón te van a dejar de valorar. Es el que peor sienta, y es justo el que más ha crecido.
En qué se nota
Casi nunca aparece como "soy perfeccionista". Aparece así:
- · No empiezas. Si no puede salir perfecto, mejor mañana. El perfeccionismo es una de las mayores fábricas de procrastinación que existen.
- · No terminas. Revisas, retocas, vuelves a leerlo. Nunca está del todo.
- · No delegas. "Es que lo hago antes yo." Y acabas con todo encima.
- · No te llega el elogio. Te dicen que ha quedado genial y piensas que no vieron el fallo, o que están siendo amables.
- · Todo o nada. O sale redondo o es un desastre. No existe el "está bien".
- · El cuerpo avisa antes que tú. Contracturas, insomnio, mandíbula apretada, digestiones raras.
El perfeccionismo no te protege de fracasar. Solo hace que cualquier cosa que no sea impecable la vivas como un fracaso.
Por qué no se arregla esforzándote más
Porque el esfuerzo es justo el combustible. Cada vez que te pasas la noche revisando y sale bien, tu cabeza aprende que salió bien porque te pasaste la noche revisando. Y a la siguiente, otra vez.
Es una trampa perfecta: funciona a corto plazo y te destroza a largo. Por eso no basta con que alguien te diga "relájate, que ya está bien". Ya lo sabes. Saberlo no es el problema.
Y no es inofensivo: el perfeccionismo aparece asociado de forma consistente con ansiedad, depresión y trastornos de la conducta alimentaria (Limburg et al., 2017). No es un rasgo simpático de gente aplicada.
"Pero es lo que me ha hecho llegar hasta aquí"
Esta frase la escucho mucho, y merece respeto porque tiene parte de verdad. Sí, probablemente el perfeccionismo te ha traído cosas. Notas, ascensos, la fama de que contigo se puede contar.
La pregunta no es si te ha servido. Es a qué precio, y si sigues queriendo pagarlo. Porque el precio suele ser no disfrutar de nada de lo que consigues, no descansar de verdad nunca, y vivir con la sensación permanente de ir por detrás.
Además, y esto sorprende: rebajar la autoexigencia no te hace rendir menos. Te hace rendir con menos sufrimiento y menos parones.
Qué se hace en terapia
No vamos a convertirte en una persona descuidada, que es el miedo de casi todo el mundo al empezar. El trabajo va por otro lado:
- · Bajar el listón a propósito, en cosas pequeñas y controladas, para comprobar en la práctica que no pasa nada. Es lo que más cuesta y lo que más cambia.
- · Separar tu valor de tus resultados. Si solo vales cuando cumples, cualquier descanso se vive como amenaza. Eso se toca en la autoestima.
- · Aprender a parar antes de acabar agotada, que va muy pegado a saber poner límites.
- · Y mirar de dónde viene. Casi siempre hay una historia detrás: una casa donde el cariño se ganaba portándose bien, o notas.
- · Hay tratamiento específico para esto y funciona (Shafran, Egan y Wade, 2010). No hace falta llegar a romperse para pedir ayuda.
- · Ojalá dejes de exigirte lo que no le exigirías jamás a alguien a quien quieres. 🤍
Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.
Bibliografía
- Frost, R. O., Marten, P., Lahart, C. y Rosenblate, R. (1990). The dimensions of perfectionism. Cognitive Therapy and Research, 14(5), 449–468.
- Hewitt, P. L. y Flett, G. L. (1991). Perfectionism in the self and social contexts. Journal of Personality and Social Psychology, 60(3), 456–470.
- Curran, T. y Hill, A. P. (2019). Perfectionism is increasing over time: A meta-analysis of birth cohort differences from 1989 to 2016. Psychological Bulletin, 145(4), 410–429.
- Limburg, K., Watson, H. J., Hagger, M. S. y Egan, S. J. (2017). The relationship between perfectionism and psychopathology: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 73(10), 1301–1326.
- Shafran, R., Egan, S. y Wade, T. (2010). Overcoming Perfectionism. Robinson.
