Te lo preguntan en las bodas, en las comidas familiares, en el trabajo. "¿Y para cuándo?". Y tú contestas cualquier cosa, te ríes, cambias de tema. Porque la respuesta de verdad es que no lo sabes, y esa no parece una respuesta válida. Hay muchísima gente pensando esto en silencio. Y casi nadie escribiendo sobre ello.
La pregunta que casi nadie hace en voz alta
Fíjate en el desequilibrio: se habla muchísimo de cómo ser madre —lactancia, crianza, culpa, conciliación— y casi nada de si serlo. Como si eso no fuera una decisión, sino una etapa que llega sola.
Así que cuando la duda aparece, no encuentras dónde ponerla. Se lo cuentas a una amiga y te dice "ya cambiarás de idea". Se lo dices a tu madre y se le tuerce la cara. Y aprendes rápido que es más cómodo decir "pues no sé, ya veremos" que decir la verdad.
Esa soledad no es tuya. Es de lo poco que se habla del tema.
Una cosa es la maternidad y otra lo que han hecho con ella
Adrienne Rich lo separó hace cincuenta años y sigue siendo la idea más útil que conozco para pensar esto: una cosa es la experiencia de ser madre —tu relación con tu criatura, tuya y de nadie más— y otra muy distinta es la institución: lo que la sociedad ha montado alrededor de esa experiencia, lo que se espera de ti, cómo se te mide (Rich, 1976).
Mucha gente que duda no está dudando de la experiencia. Está dudando de la institución. De la renuncia laboral, de la carga mental, de que todo recaiga en ti, de convertirte en "la madre de" y dejar de ser tú.
Merece la pena separarlas antes de decidir, porque no es lo mismo no querer criar que no querer criar en estas condiciones.
De dónde viene la prisa
Del reloj biológico, sí, pero no solo. La fertilidad tiene sus tiempos y eso es real y hay que saberlo. La urgencia, en cambio, casi siempre viene de fuera:
- · De la pregunta repetida, que convierte tu vida privada en tema de sobremesa.
- · De la idea de que hay una edad "correcta" y de que después ya no cuentas.
- · De que a los hombres nadie les hace esta pregunta con la misma insistencia.
- · De confundir "se me acaba el tiempo" con "lo quiero". No son lo mismo.
Tener un hijo porque se te acaba el plazo es una razón tan mala como no tenerlo porque te da miedo. Las dos son la prisa decidiendo por ti.
Dudar no significa que no quieras
Aquí hay un malentendido enorme. Se supone que si lo quieres, lo sabes; y que si dudas, es que no. Falso.
La ambivalencia —querer y no querer al mismo tiempo— es lo normal en las decisiones grandes, y en la maternidad especialmente. Rozsika Parker lo estudió a fondo: incluso las madres que quisieron serlo conviven con sentimientos contradictorios, y eso no las hace peores madres (Parker, 1995).
Puedes desear un hijo y a la vez tenerle pánico a lo que perderías. Las dos cosas caben. Sentirlas no te descalifica para decidir: te está dando información.
Y si ya soy madre y a veces me arrepiento
Existe, se llama por su nombre y hablarlo no le hace daño a nadie. Orna Donath entrevistó a mujeres que querían a sus hijos y aun así, si pudieran volver atrás, no repetirían (Donath, 2015).
No es lo mismo que no querer a tus hijos. Es arrepentirse del papel, no de la persona. Y callarlo por miedo a que te juzguen es lo que lo vuelve insoportable.
Si te reconoces ahí, no estás rota. Estás sola con algo que necesita salir.
Cómo se decide algo así
No hay lista de pros y contras que resuelva esto, y desconfía de quien te la ofrezca. Lo que sí se puede hacer es dejar de decidir con el ruido puesto:
- · Separar lo que quieres de lo que se espera de ti. Suelen estar tan pegados que cuesta distinguirlos.
- · Mirar de frente el miedo concreto, no el genérico: ¿es el parto, es el dinero, es quedarte sola con todo, es dejar de ser quien eres?
- · Preguntarte qué vida quieres, no solo qué decisión tomas. Es lo mismo, pero se piensa mejor.
- · Aceptar que no hay opción sin pérdida. Las dos cierran puertas. Elegir es renunciar, y por eso pesa tanto.
En terapia no vamos a decidir por ti
Que quede claro, porque hay gente que no viene por miedo a que la empujen: no es mi trabajo convencerte de nada, ni de tenerlos ni de no tenerlos. No hay una respuesta correcta y desde luego no la tengo yo.
Lo que sí hacemos es quitarle ruido a la pregunta. Separar tu voz de la de tu madre, de la de tu pareja y de la del grupo de amigas. Trabajar la culpa, que casi siempre está. Y sostener la incertidumbre el tiempo que haga falta, sin correr, hasta que la decisión sea tuya de verdad.
Si quieres una primera pista de si te vendría bien hablarlo, tenemos un test para ayudarte a decidir. Y si prefieres empezar directamente, así trabajamos online.
Ninguna de las dos respuestas te hace mejor mujer. Solo la tuya te hace estar en paz. 🤍
Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.
Bibliografía
- Rich, A. (1976). Of Woman Born: Motherhood as Experience and Institution. W. W. Norton.
- Parker, R. (1995). Torn in Two: The Experience of Maternal Ambivalence. Virago.
- Donath, O. (2015). Regretting Motherhood: A Sociopolitical Analysis. Signs: Journal of Women in Culture and Society, 40(2), 343–367.
- Instituto Nacional de Estadística (INE). Indicadores de Fecundidad. ine.es
- Instituto Nacional de Estadística (INE). Edad media a la maternidad por orden de nacimiento.
