Han sido quince días. Has dormido, has comido fuera, te has bañado, no has mirado el correo. Y llega el lunes, suena el despertador, y te levantas más cansada que en julio. No lo estás haciendo mal. Pasa, tiene explicación, y no es la que te cuentan.
El cansancio no aparece en septiembre. Aparece cuando puedes permitírtelo
Durante el curso funcionas con el motor puesto. El cuerpo sostiene lo que haga falta: madrugones, prisas, cosas sin resolver. Y lo sostiene bien, porque para eso está preparado — el problema no es activarse, es no bajar nunca.
Cuando por fin paras, el cuerpo suelta. Y ahí aparece todo lo que llevaba meses tapado: el sueño atrasado, el agotamiento de fondo, las cosas que no habías tenido tiempo de sentir.
Por eso mucha gente se pone mala el segundo día de vacaciones. No es mala suerte: es que el sistema baja la guardia justo cuando le dejas.
No estás peor que en julio. Es que en julio no tenías tiempo de notarlo.
Y entonces septiembre te lo pide todo otra vez
Lo que hace la vuelta tan dura no es el trabajo en sí. Es cuántas cosas arrancan a la vez.
- · El horario vuelve de golpe, sin transición: de levantarte a las diez a las siete y media, de un domingo para un lunes.
- · Vuelven las decisiones pequeñas —qué se cena, quién lleva a quién, qué toca hoy— que en vacaciones desaparecen y que agotan más de lo que parece.
- · Se acaba la luz. En septiembre anochece casi dos horas antes que en junio, y eso el cuerpo lo nota aunque tú no lo pienses.
- · Y encima llega el discurso de "nueva etapa, nuevos propósitos", que te pide energía justo el mes que menos tienes.
Septiembre no es enero
En enero vienes de parar. En septiembre vienes de haber estado once meses en marcha y haber descansado dos semanas.
Y sin embargo se venden igual: como el mes de empezar cosas. Apuntarte al gimnasio, cambiar de trabajo, ponerte las pilas.
Es el peor mes para exigirte una versión nueva de ti. Lo que toca en septiembre no es empezar: es volver, y volver despacio.
Lo que ayuda de verdad
Nada espectacular. Cosas pequeñas que reparten el golpe:
- · Vuelve escalonada si puedes. Regresar un jueves en vez de un domingo por la noche te da dos días de rodaje en vez de un aterrizaje forzoso.
- · El sueño primero. Antes que el gimnasio, antes que la dieta, antes que cualquier propósito. Sin sueño ajustado, todo lo demás cuesta el doble y dura menos.
- · Una cosa nueva, no cinco. Septiembre invita a rehacerte entera. Elige una y deja las otras cuatro para octubre.
- · Reserva algo que te apetezca. No todo el calendario puede ser obligaciones: si de aquí a Navidad no hay nada que te ilusione, la cuesta se hace muy larga.
- · Baja el listón las dos primeras semanas. No es rendirse. Es contar con que vas a rendir menos, en vez de enfadarte porque rindes menos.
Cuándo esto ya no es la vuelta
El bajón de septiembre tiene una característica: va a menos. En dos o tres semanas el cuerpo se ha reajustado y la cosa remonta sola.
Hay otras cosas que no remontan, y conviene saber distinguirlas:
- · Han pasado más de cuatro o cinco semanas y sigues igual o peor.
- · No es solo cansancio: es que nada te apetece, ni siquiera lo que antes sí.
- · Duermes mal de forma sostenida, o duermes mucho y no descansa.
- · Te cuesta funcionar en el trabajo o en casa, no solo arrancar.
- · Estás irritable, llorosa o con un peso en el pecho que no se va.
- · Si te reconoces en varias, eso ya no es la vuelta a la rutina. Puede ser ansiedad, puede ser algo del ánimo, y en los dos casos se trabaja bien. Lo que no funciona es esperar a ver si se pasa cuando lleva ya un mes sin pasarse.
Lo importante
Volver cansada de vacaciones no significa que hayas descansado mal, ni que tu vida sea un desastre, ni que te falte actitud.
Significa que llevabas mucho tiempo funcionando con la reserva puesta, y que dos semanas no dan para rellenar un depósito de once meses.
Sé un poco más blanda contigo estas semanas. Septiembre es cuesta arriba para casi todo el mundo, aunque en Instagram parezca que no. 🤍
Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.
Bibliografía
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