Reservar
Unas manos jóvenes sosteniendo las manos de una persona mayor, en blanco y negro

Vínculos

A tu amiga le han diagnosticado cáncer y no sabes qué decirle

Por Lola Ortiz · Psicóloga sanitaria ·

Te lo ha dicho por teléfono y llevas veinte minutos con el móvil en la mano sin saber qué escribir. Escribes algo. Lo borras. Escribes otra cosa. La borras también. Y al final acabas mandando un «estoy aquí para lo que necesites» que te suena mal a ti misma, porque sabes que no significa nada. No es que no te importe. Es justo lo contrario: te importa tanto que tienes miedo de decir lo que no toca.

Por qué cuesta tanto

Porque estás buscando la frase que arregle algo. Y no hay ninguna.

Ahí está el nudo: nos han enseñado que consolar es hacer que el otro se sienta mejor. Y cuando alguien acaba de recibir una noticia así, no hay nada que puedas decir que le haga sentirse mejor. Lo que sí puedes es que no se sienta sola, que es otra cosa completamente distinta y sí está en tu mano.

Lo que suele hacer daño

Ninguna de estas se dice con mala intención. Casi todas se dicen por no soportar el silencio.

Lo de la actitud positiva merece un párrafo aparte

Porque no es solo que no ayude. Es que es falso, y hace daño.

La idea de que la actitud determina cómo va a evolucionar un cáncer está muy metida y la investigación no la sostiene. El estudio que más se cita sobre esto no encontró que el llamado «espíritu de lucha» cambiara la supervivencia (Watson y cols., 1999), y las revisiones posteriores han sido bastante contundentes al respecto (Coyne y cols., 2007).

Importa decirlo claro, y no por precisión académica: si la actitud curara, entonces quien empeora es porque no puso bastante de su parte. Eso es lo que esa frase deja caer sin querer, y es una carga que nadie debería llevar encima además del tratamiento.

Lo que sí ayuda

Di la verdad, aunque sea corta. «No sé qué decirte. Lo siento muchísimo. Estoy aquí.» Suena a poco y es de lo mejor que puedes decir, porque es lo único que no la obliga a nada.

Ofrece cosas concretas, no disponibilidad. No «dime si necesitas algo», sino «el jueves voy al súper, ¿te llevo la compra?», «¿te acompaño a la sesión del martes?», «¿te recojo a las niñas el viernes?». A una propuesta concreta se puede decir que sí. A una abstracta hay que contestar organizando, y eso no lo va a hacer.

Deja que sea ella quien marque de qué se habla. Habrá días que quiera contarte los resultados y días que quiera hablar de cualquier otra cosa y reírse un rato. Las dos cosas están bien. No hace falta que cada conversación sea sobre el cáncer.

Aguanta el silencio. No hay que rellenarlo. Estar callada al lado de alguien es una forma de compañía que hemos desaprendido.

Y sigue estando dentro de tres meses. Al principio la gente aparece toda a la vez. Luego la vida sigue y las llamadas se espacian, justo cuando el tratamiento se hace largo y aburrido y ella está más cansada. Ahí es donde se nota quién estaba de verdad.

Cuándo hace falta algo más que compañía

Estar mal después de un diagnóstico así es lo esperable, no un síntoma.

Pero conviene saber que alrededor de una de cada tres personas en tratamiento oncológico llega a desarrollar un problema emocional que se beneficia de atención específica —ansiedad, depresión o un trastorno adaptativo— (Mitchell y cols., 2011). No es debilidad ni es raro: es frecuente, y se trata.

Señales para estar atenta: que lleve semanas sin poder dormir, que haya dejado de ver a todo el mundo, que no encuentre sentido a nada ni siquiera en los días buenos, o que aparezcan ideas de no querer seguir. En cualquiera de esos casos, lo útil no es animarla: es acompañarla a pedir ayuda. Y si hay riesgo para su vida, el 024 atiende las 24 horas, es gratuito y responde una persona.

Y una última cosa, que se olvida siempre: tú también puedes necesitar hablarlo con alguien. Acompañar cansa, da culpa y da miedo, y no tienes por qué gestionarlo sola. 🤍

No hace falta que lo tengas claro para dar un paso.

Llamada de orientación gratuita

Quince minutos, sin compromiso. ¿Prefieres escribirlo? Escríbenos. ¿Ya lo tienes decidido? Reserva tu sesión.

Si estás dudando

A veces cuesta saber si lo que te pasa es motivo suficiente para ir a terapia. Este test son unas preguntas para pararte un momento y escucharte.

Hacer el test

Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.

Bibliografía

  1. Watson, M., Haviland, J. S., Greer, S., Davidson, J. y Bliss, J. M. (1999). Influence of psychological response on survival in breast cancer: a population-based cohort study. The Lancet, 354(9187), 1331–1336.
  2. Coyne, J. C., Stefanek, M. y Palmer, S. C. (2007). Psychotherapy and survival in cancer: the conflict between hope and evidence. Psychological Bulletin, 133(3), 367–394.
  3. Mitchell, A. J., Chan, M., Bhatti, H., Halton, M., Grassi, L., Johansen, C. y Meader, N. (2011). Prevalence of depression, anxiety, and adjustment disorder in oncological, haematological, and palliative-care settings: a meta-analysis of 94 interview-based studies. The Lancet Oncology, 12(2), 160–174.
  4. Holland, J. C. y Lewis, S. (2000). The Human Side of Cancer: Living with Hope, Coping with Uncertainty. HarperCollins.