Llevas una semana rara. Duermes peor, estás más irritable, se te saltan las lágrimas en el súper por nada. Y de pronto miras el calendario y lo entiendes: es esta semana. El cumpleaños, la fecha, el aniversario. Tu cabeza no se acordaba. Tu cuerpo sí.
Se llama reacción de aniversario, y es de lo más común
No es que te estés obsesionando ni que lo lleves mal.
Las fechas funcionan como un aviso: el otoño huele de una manera, las calles se llenan de flores, aparece la conversación de ir al cementerio. Y todo eso reactiva el recuerdo aunque tú no lo hayas llamado. Por eso los días previos suelen ser peores que el día en sí — que muchas veces, cuando por fin llega, se lleva mejor de lo que temías.
Estos días de principios de noviembre concentran mucho de golpe. Para quien está en duelo, el Día de Difuntos es dos cosas a la vez y las dos son ciertas: un peso, porque no puedes mirar a otro lado; y a veces un alivio, porque es el único momento del año en que todo el mundo habla de los muertos con naturalidad y por fin puedes nombrarle sin que se haga un silencio raro.
Lo de las fases no es verdad
Conviene decirlo porque casi todo el mundo lo lleva puesto: el duelo no va por etapas ordenadas que se pasan una detrás de otra hasta llegar a la aceptación.
Aquellas cinco fases se describieron observando a personas que estaban muriendo, no a las que se quedan. Y no funcionan como un camino. Lo que se ve de verdad es un vaivén: días de estar dentro del dolor y días de estar fuera, haciendo la compra, trabajando, incluso riéndote. Y esos dos modos se van alternando solos.
Eso tiene nombre y es el modelo que hoy se usa: el modelo de proceso dual (Stroebe y Schut, 1999). Y lo importante es que las dos partes hacen falta. No estás traicionando a nadie los días que estás bien. Ese descanso es parte del proceso, no una huida.
Tampoco hay que «pasar página»
Otra idea que hace daño: que el duelo termina cuando cortas el vínculo y sigues adelante.
Lo que se observa es lo contrario. La mayoría de la gente mantiene un lazo con quien murió —le habla, guarda cosas suyas, se pregunta qué diría él— y eso no es quedarse enganchada: es lo normal, y suele acompañar a una buena adaptación (Klass y cols., 1996). Lo que cambia con el tiempo no es que desaparezca, es el sitio que ocupa.
Cómo preparar un día así
Lo que peor sienta es que te pille por sorpresa. Así que se planifica, aunque suene frío.
- · Decide antes qué quieres hacer. No dejes que lo decida el día. Ir al cementerio o no ir. Cocinar lo que le gustaba. Poner una vela. Ver fotos. O nada de eso.
- · Decide con quién. Sola, con quien te entienda, o en familia. Las tres valen.
- · Date permiso para no hacer lo de siempre. Si la comida familiar de todos los años se te hace insoportable, se puede no ir. Un año no es para siempre.
- · Avisa a alguien. Una persona que sepa qué semana es y te escriba. No hace falta que haga nada más.
- · Y déjate el día siguiente flojo si puedes. Se sale cansada de esas fechas.
Cuándo mirarlo con alguien
Que un aniversario remueva es esperable. Y no todos los duelos necesitan terapia: la mayoría se atraviesan con el tiempo, la gente alrededor y la propia vida.
Ahora bien, hay una diferencia entre que un duelo duela y que se quede parado. Cuando pasado más de un año la pérdida sigue ocupándolo todo —añoranza intensa casi cada día, no poder aceptar lo que pasó, la vida detenida en aquel punto y sin poder retomar lo demás— eso ya se reconoce como duelo prolongado, y le ocurre a alrededor de una de cada diez personas en duelo (Lundorff y cols., 2017; DSM-5-TR). No es falta de fuerza y no se arregla con más tiempo: se trabaja, y responde bien.
Si quieres, aquí está lo que es un duelo y lo que no, con más detalle.
Y si algún día de estos aparecen ideas de no querer seguir, el 024 atiende las 24 horas, es gratuito y responde una persona.
Que te duela esta semana no significa que lo estés llevando mal. Significa que le querías, y que eso sigue ahí. 🤍
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Si estás dudando
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Hacer el testEste artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa. No sustituye una valoración ni un tratamiento psicológico individualizado. Si estás pasando por un momento difícil, busca el apoyo de una profesional de la salud mental.
Bibliografía
- Stroebe, M. y Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: rationale and description. Death Studies, 23(3), 197–224.
- Klass, D., Silverman, P. R. y Nickman, S. L. (eds.) (1996). Continuing Bonds: New Understandings of Grief. Taylor & Francis.
- Lundorff, M., Holmgren, H., Zachariae, R., Farver-Vestergaard, I. y O'Connor, M. (2017). Prevalence of prolonged grief disorder in adult bereavement: a systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 212, 138–149.
- Prigerson, H. G., Horowitz, M. J., Jacobs, S. C., Parkes, C. M., Aslan, M., Goodkin, K. y cols. (2009). Prolonged grief disorder: psychometric validation of criteria proposed for DSM-V and ICD-11. PLoS Medicine, 6(8), e1000121.
- American Psychiatric Association (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.ª ed., texto revisado). Editorial Médica Panamericana.
